Por Juan Jiménez García, Revista Détour.

Escribir sobre Cesare Pavese es una temeridad. Muchos escribieron sobre él. También sus amigos: escritores como Italo Calvino o Natalia Ginzburg. También él. Es una temeridad no ya solo por esos ríos de tinta vertidos, que nos llevan a pensar que no tenemos nada más que decir, sino por estar tan lejanos de su tierra, de su época, de su espíritu y, no menos importante, de su soledad. Y pensar que no habíamos leído nada suyo, hasta este, estos libros… No, no es cierto. Habíamos hojeado El oficio de vivir. Cuando éramos mucho más jóvenes (o simplemente jóvenes). Y solo lo habíamos hojeado por un temor, por un presentimiento: leerlo nos haría daño, daño al reconocernos en alguna página (o en muchas), daño de llegar a un mismo final, temor de esas últimas líneas: Todo esto da asco. Basta de palabras. Un gesto. No escribiré más.

Ver reseña completa aquí